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No, comprar local no salvará el mundo

Un artículo que leí recientemente me ha hecho repensar ciertas cosas sobre «lo ecológico» que ya intuía, pero no sabía bajar a tierra.

Yo estaba totalmente convencido, posiblemente por las veces que lo he escuchado repetido de una y mil formas: «No es ecológico si lo traen de la Cochinchina», además al vivir en la huerta de València hace que este tipo de conversaciones salgan bastante a relucir, quien más y quien menos tiene un trocito de tierra que tiene que defender. Pero por unas cosas o por otras ya no creo a ciegas argumentos simplistas, esos que cuando los oyes piensas, pues claro, tiene todo el sentido del mundo, no, necesitamos ver el cuadro completo para hacer ese tipo de deducciones. Un artículo que leí recientemente me ha hecho repensar ciertas cosas sobre «lo ecológico» que ya intuía, pero no sabía bajar a tierra. Tampoco puedo decir que esté totalmente de acuerdo con el artículo, no comparto que el consumidor no tenga ningún indicador para saber cual es la huella de carbono de un alimento, sí la tiene, se llama precio.

Precio, certificado de huella de carbono

El precio de un alimento tiene una relación directa con la cantidad de recursos que se consume en su producción. Agua, fertilizantes, gasoil para el tractor, manutención del tractor y eso que tan feo suena de recursos humanos, todo esto interviene en el precio final de cada lechuga que compramos en el mercado, o debería, tenemos también intereses especulativos con la comida, aranceles y otros impuestos que complican este cálculo, pero por lo general cuanto más sana sea la cadena entre el productor y el consumidor más directa será la relación entre precio y consumo de recursos. Todo consumo de recursos influye lógicamente en la huella de carbono, destilar diésel del petroleo y luego quemarlo en el tractor es el ejemplo más claro, pero en lo que menos reparamos normalmente es justamente lo que más huella de carbono deja, el jornalero, esos recursos humanos, la persona que gasta sus esfuerzos en recoger esa verdura, la que lo lleva al mercado, la que luego lo vende. La manutención de todas estas personas y muchas veces de los familiares directos es obviamente un consumo de recursos enorme, puesto que esa gente tiene la mala costumbre de comer, trasladarse hasta el trabajo y a veces incluso, malditos derrochadores, tienen momentos de ocio, todo esto genera un impacto en el medio ambiente con el que hay que contar.

Una vez empezamos a ver el precio como indicador de la huella de carbono nos vamos a replantear muchas cosas. ¿Cómo un tomate de Brasil puede tener menos huella de carbono que el cultivado en la huerta de València después de cruzar el Atlántico? La respuesta es clara, igual el productor come un único plato de arroz al día, vive bajo el umbral de la pobreza y por lo tanto imprime muy poca huella de carbono. Esta es una verdad incómoda para cualquier persona de izquierdas o que tenga un poco de sensibilidad por el genero humano. ¿Significa que tenemos que ser todos más pobres para salvar el planeta, empezar una nueva edad oscura y volver a morirnos de hambre? No, la solución siempre ha estado delante de nuestras narices.

Tecnificación para salvar el planeta

Tecnificar significa usar la tecnología para ser más eficientes en nuestro trabajo, esta eficiencia se traduce directamente en un menor uso de recursos en la producción. El riego por goteo es un claro ejemplo de esto, unos recursos hídricos mucho mejor gestionados que cuando se riega a manta implican un consumo mucho menor de agua y una menor huella de carbono, toda mejora técnica implica una mejor gestión de los recursos y una menor huella de carbono, pero aun así tenemos que tener algo en cuenta y de la agricultura ecológica tenemos que aprender a no contaminar nuestros suelos, que sea esa la lección del siglo XX.

Volviendo de vuelta a nuestro siglo, este planteamiento nos lleva a un tema digamos espinoso. La punta de lanza de la tecnificación ahora mismo es la de los organismos genéticamente modificados, un tema del que la izquierda localista y biempensante no quiere oír ni hablar. La mayoría de argumentos en su contra se destapan como producto de la tecnofobia, de ese temor de tradición cristiana a suplantar a Dios, pero si descartamos todo esto, sí podemos quedarnos con un fallo terrorífico del sistema, la aparición de Leviatán. La centralización de la producción de alimentos en torno a un único actor, Monsanto, es algo que no podemos dejar de obviar, el problema aquí no es realmente con la tecnología, si no más bien con la descomposición que sufre el sistema. Hay que luchar contra este tipo de empresas y hay que hacerlo de forma clara y contundente, las semillas no pueden tener derechos de autor.

Aún así, al margen de los cultivos genéticamente modificados, que creo que es una tecnología que no acabamos de dominar, ni explotar correctamente sus posibilidades. Existen muchísimas técnicas que podemos aplicar a la agricultura para hacerla más y más eficiente, para poder salvar el planeta a la vez que nos salvamos nosotros, pues aunque a alguno le pese nosotros también formamos parte de esta tierra.

«No, comprar local no salvará el mundo» recibió 12 desde que se publicó el domingo 18 de diciembre de 2016 dentro de la serie «~~~» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Carlos Sanmartín.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Off topic. Entramado rechaza mis emails 🙁
    ¿Cómo lo hacemos? ¿Te creo uno en lasindias.club?

  2. Jordi López dice:

    Interesante lectura, que nos da la oportunidad de interpelar nuestros dogmas al respecto. Una vez más !

  3. Asam dice:

    Disculpen la intromisión: pero no entiendo cómo el precio puede ser un indicador de la huella de carbono de un producto. Teniendo en cuenta que el principal parámetro en la huella de carbono de un producto ecológico es el consumo de gasoleo y que el precio de este varía mucho (e inelásticamente) se puede llegar a la paradoja de que un mismo producto tenga dos precios muy diferentes y, exactamente, la misma huella ecologica.

    • Intromisión ninguna.Es interesante la pregunta, el precio del gasóleo afecta, pero tanto el precio de una semana antes de poner el producto en la estantería como el precio de hace un año cuando se le echó diésel al tractor o el de la central de carbón que da electricidad a la casa donde vive el agricultor, que es más estable.
      Lo cierto es que al final tenemos una especie de media de todos esos precios. Y es por eso que los precios de los alimentos no cambian tanto de un día para otro como lo hacen los derivados directos del petroleo. Lo que es seguro es que si un alimento es más caro es que ha consumido más petroleo y agua que otro más barato.

  4. Asam dice:

    Carlos, creo que estás confundiendo valor (o coste) y precio. Son variables que tienen poco que ver. El precio se forma, básicamente, por oferta y demanda; es muy frecuente, de hecho, que el precio esté por debajo de tus costes y, por lo tanto, tengas pérdidas. Por lo que estudiando el precio no sabrás nada (el billete de lotería que tengo que vale 20 euros en breve valdrá cero). La oferta y demannda van variando según multiples circunstancias, entre ella la composición sectorial (y en consecuencia la renta obtenida) o el momento del año.

    El software libre gratuito, según tu hipótesis, tendría un coste energético y de recursos cero. Y obviamente, esto no es así.

    Hace unas semanas, por ejemplo, con un consumo energético rídiculo (fui en bici y estuve dos horas paseando por el campo) conseguí un par de kilos de niscalos que los podría haber vendido por 50 euros fácilmente y haberme comprado dos kilos de solomillo de ternera que, coincidirás, habría costado mucho más recursos. Al final el precio de los niscalos fue cero, porque se los regalé al vecino XD.

    Podría ser interesante estudiar si el coste marginal es indicador de los recursos introducidos en un producto. Con todo, dudo mucho que ese índice (que de todas maneras es completamente desconocido para el consumidor) sea adecuado para este fin. Ten en cuenta que en el coste marginal entran muchos factores y no todos tienen, ni mucho menos, el mismo coste energético ni, por supuesto, implican las mismas emisiones GEI.

    • A ver, es cierto que los precios se distorsionan y es cierto que podemos establecer intercambios, transacciones y donaciones al margen de los precios de mercado… pero cuando hablamos de mercados grandes como el de alimentación no estamos hablando de eso. Y desde luego, salvo variaciones temporales o monopolios estrictos, no es la demanda la que marca el precio sino el coste de producción. Es más, cuanto más competitivo sea un mercado más parecido será ese precio al coste marginal.

      En el caso de los mercados agrarios si la regulación y las cuotas tienen efecto no es por bajar artificialmente los precios, sino al revés, por subirlos artificialmente.

      ¿Qué tiene esto que ver con la huella de carbono, la polución, etc.? Pues que el precio de mercado sintetiza el total de los costes sociales. ¿También las externalidades? No, por eso son externalidades. Peeeeeero, justamente en la huella de carbono eso es lo que corrige el mercado de emisiones establecido a partir de Kioto entre Europa una larga serie de países. Es cierto que ahí la contabilidad se hace más compleja porque en realidad se cuenta cada país como un agregado y a las finales estás permitiéndoles contaminar más en agro para suplir sus carencias industriales. El sistema es un poquito complejo y hay mil papers sobre ello, pero el resultado es que si, que efectivamente el precio en el sistema así corregido recoge toda la información relevante de costes sociales.

      El problema no es el sistema de corrección sino que hay países que no participan de él porque temen el coste que en términos de pobreza puede signficar la transición… así que están retrasando su adopción en la medida en que pueden. Pero sinceramente, retrasarán pero no evitarán: al final el capitalismo requiere una buena contabilidad de costes… hasta para hacer trampas. 😀

      • Y por cierto, si nos centramos en España, las externalidades estarían ya cubiertas con el impuesto especial de combustibles… que en eso el estado es siempre generoso, por ej el coste de la atención a enfermedades y pensiones atribuidas al tabaco (que ya es estadísticamente muy criticable por demasiado alta) es menos de 2/3 del dinero que se recauda… y es igual en el combustible. Otra cosa, claro, es que los gobiernos usen esos fondos para esos fines, pero desde luego el impuesto -se gaste en lo que se gaste- corrige la falta de información sobre la externalidad en el precio.

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